Como para no recordarlo. Madrid, 9 de junio de 2009, Biblioteca Nacional de España. Esa tarde se conmemoraba el décimo aniversario de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, idea del visionario profesor alicantino Andrés Pedreño. Entre los asistentes, caras conocidas como el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, el ministro de Cultura, Ángel Gabilondo y cómo no, el gran Emilio Botín. Entre el público, un servidor, enfundado con corbata roja al estilo Banco Santander esperando para saludar a uno de los líderes empresariales que más admiraba, Don Emilio Botín.
Acaba el acto. Me armo de valor y avanzo hacia él. Me presento como director de Global Asia y me quedo en shock con su respuesta: “¡Hombre!, claro que te conozco, yo leo tu revista”, exclama con una sonrisa Emilio Botín.
¡Oh, my God! Really? ¿Había escuchado bien? Una cosa es que te enteres de oídas que una de las personas mas influyentes del mundo es lector de la revista que has fundado y otra muy distinta es que él te lo reconozca a un palmo de tu cara. Vamos, no es lo mismo que te lo cuenten, que vivirlo.
La historia entre Global Asia y Emilio Botín se remonta un año antes, mayo de 2008, cuando Banco Santander, a través de la División Global de Santander Universidades dirigida por José Antonio Villasante y Salva Medina, deciden apostar por una plataforma de comunicación alineada con su estrategia en China. Es gracias a este apoyo, y al interés del banquero por el gigante asiático, lo que permite a Emilio Botín convertirse en un lector fiel de Global Asia.

Como todo el mundo sabe, Botín era una persona muy vinculada a la universidad y al ámbito científico en España e Iberoamérica, y me atrevería a decir que en todo el mundo. De hecho, fueron varias las ocasiones en las que estando yo viviendo en China, Botín viajó a Beijing y Shanghai para reunirse con los rectores de las universidades de Tsinghua, Beijing y Fudan.
Pero tuvo que ser en el otro lado del charco donde volvimos a coincidir. Fue en la ciudad mexicana de Guadalajara, el 1 de julio de 2010, durante el acto de clausura del II Encuentro Internacional de Rectores Universia que reunió a los responsables de 1009 universidades iberoamericanas y 44 rectores de otros países. Recuerdo muy bien el momento de su aparición en la sala. El público enmudece, suena el himno corporativo del banco y aparece con paso firme el maestro de ceremonia, Emilio Botín. Es en ese preciso momento cuando te das cuenta de lo que imponía la presencia del santanderino mas universal.
Estaba en Valencia cuando vi la noticia por la televisión. No me lo podía creer.
Esta misma situación se repitió cuatro años después, en el III Encuentro Internacional de Rectores Universia, en Río de Janeiro, Brasil. Ese 29 julio de 2014 nunca hubiera podido imaginar que sería la última vez que vería en vida al empresario español.
Pero antes de hablar lo que sucedió unos meses después, os contaré una anécdota que me enteré con el tiempo. ¿Os acordáis de que os comenté que en una reunión entre el presidente brasileño Lula Da Silva y un banquero español había encima de la mesa una revista de Global Asia? Pues ese banquero era Emilio Botín.
Por desgracia también recuerdo muy bien el día que escuché la noticia de su fallecimiento. Mañana del 10 de septiembre de 2014. Estaba en Valencia cuando vi la noticia por la televisión. No me lo podía creer. Aún conservaba intacto en mi cerebro su discurso pronunciado en Río de Janeiro. Rápidamente cogí el teléfono y llamé a mi mano derecha, Miguel Ángel Bertomeu. Había que hacer algo.
Tras una breve conversación, decidimos aparcar el temario planificado y editar un número especial que sirviera de homenaje a su figura. El reto era hacerlo lo más rápido posible con las mejores firmas que tuviéramos al alcance.
“La próxima vez que nos volvamos a ver no olvidaré llevar puesta una corbata roja”
Y así fue como, con muchas horas extras y colaboración por parte de todos, pudimos editar en tiempo récord un número especial Emilio Botín, con firmas como por el aquel entonces Gobernador del Banco de España, Luis María Linde, el embajador español en China, Eugenio Bregolat, o el presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, Manuel José López Pérez, entre otros.

Estas son algunas de las palabras extraídas que quisieron dejar por escrito las personas que colaboraron en ese pequeño tributo al presidente de Banco Santander.
Luis María Linde, Gobernador Banco de España:
“Emilio Botín fue un gran banquero, uno de los banqueros de mayor éxito, si no el de más éxito de la historia financiera española, y, a la vez, alguien muy atento a los intereses generales y a los problemas de la sociedad española.
Era una persona que nunca se detenía en los aspectos negativos y sí en los aspectos positivos y en tratar de resolver los problemas. Por todo esto no es exagerado afirmar que Emilio Botín fue un gran financiero, y, a la vez, un gran patriota”
Eugenio Bregolat, Embajador español en China:
“Cuando se le planteaba algo, don Emilio respondía siempre de forma positiva. Así, en 2013, España pudo ser el país invitado en la feria de educación de Beijing, la principal de China, con docenas de instituciones españolas presentes, gracias a su generosa ayuda, cuando la Administración, a causa del programa de austeridad anticrisis, carecía de recursos para el proyecto.
A él se pueden aplicar, en su despedida, las palabras de la Crónica del Gran Capitán: “Varones de mucho ánimo en quienes con razón se cometió la honra de España”.
Manuel José López Pérez, presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas
“Siempre mostró un buen conocimiento de las universidades, las trataba con respeto y cariño y cuando hacía observaciones críticas, que las hacía, sabía presentarlas en términos positivos, una característica personal que siempre se veía en sus intervenciones.
Emilio Botín consiguió ligar la imagen de Banco Santander con la Universidad. Creo que en el mundo universitario global se valora al Banco Santander como su principal mecenas. Inteligente, generoso y respetuoso con la Universidad. Este es un valor de Emilio Botín que será identificado con su persona a lo largo de la historia”
Por último, quiero cerrar esta historia de admiración hacia la figura de Emilio Botín con las palabras de despido que escribí en el editorial de aquel número tan especial para mi de Global Asia:
“Don Emilio, la próxima vez que nos volvamos a ver no olvidaré llevar puesta una corbata roja, como en Río de Janeiro”.