Beijing, julio de 2006, era la primera vez que pisaba suelo chino. Imaginaros la escena. Aterrizo con 26 años, sin apenas conocimientos del idioma. Bueno, ni yo ni la mayoría de los becarios de la Fundación ICO que me acompañaban. Llegamos a la residencia de la Beijing Foreign Studies University, allí nadie habla inglés, y menos aún español. Justo en medio de la debacle comunicativa, escuchamos a lo lejos unas palabras en perfecto español: “hola soy Li Cheng, pero me podéis llamar Diego y soy el coordinador de las becas ICO”. Estamos salvados, pensamos muchos de nosotros. Fue justo en ese momento cuando supe que aquella voz salvadora se iba a convertir en una parte muy importante mi vida. Hoy os hablo de Li Cheng “Diego”, quien fuera mi socio chino en Global Asia.
Vamos por partes. Lo primero que os estaréis preguntando muchos de vosotros es cómo se llama. Si Li Cheng, Li, Cheng, Diego, tranquilos, os lo explico. Su nombre, el que le pusieron sus padres al nacer, es Li Cheng. Lo de Diego es el sobrenombre que él eligió para ser conocido por sus amistades occidentales. Para los que no lo sabéis, es muy normal que un chino adopte un nombre occidental cuando vive en otro país o bien mantiene una relación profesional muy ligada con Occidente. Lo mas curioso es que Li Cheng eligió el nombre de Diego porque era muy fan de Diego Armando Maradona.
Li Cheng eligió el nombre de Diego porque era muy fan de Diego Armando Maradona
A raíz de la situación en la que nos conocimos, y tras descubrir con el tiempo el gran valor y potencial de Diego, se despertó en mi la semilla del emprendimiento. Trasladé mi problema comunicativo, en una oportunidad. Estaba convencido de lo que me sucedía a mi era uno de los principales problemas de las empresas que querían hacer negocios en China se enfrentaban día a día: desconocimiento y falta de información en español.
Por aquel entonces, recodamos, año 2006, había muy poca información en español sobre lo que realmente estaba sucediendo en el gigante asiático, tanto a nivel económico, como empresarial y cultural. Era sin duda todo un reto y una oportunidad, y Diego Li Cheng, la columna vertebral que uniera ambos mundos.
Diego y yo decidimos tirarnos a la piscina y montar Global Asia, la plataforma de comunicación y negocios que se convertiría con los años en el puente de entendimiento entre el mundo asiático y el hispanohablante
Tras muchas conversaciones explicándole el modelo de negocio en una cafetería cercana a la universidad, Diego y yo decidimos tirarnos a la piscina y montar Global Asia, la plataforma de comunicación y negocios que se convertiría con los años en el puente de entendimiento entre el mundo asiático y el hispanohablante. Los roles quedaron bien definidos desde el principio, Diego se encargaría de tejer la red de contactos en el mundo asiático y yo en el mundo hispanohablante. Y vaya sí funcionó.

Recuerdo que los primeros meses nos encantaba reunirnos para hablar del lanzamiento de Global Asia en un restaurante que servían los mejores espaguetis a la carbonara de todo Beijing. Eso sí, cuando teníamos que celebrar buenas noticias nos hacíamos un homenaje gastronómico en uno de los restaurantes favoritos de Diego, en el lago de HouHai.
Pero como en toda relación, la de los socios también tiene sus momentos buenos, y sus momentos no tan buenos
Entre las buenas noticias, sin duda destaca la conseguida gracias a la familia Bregolat, que Juan Antonio Samaranch, ex presidente del Comité Olímpico Internacional, y el extranjero mas querido el China, accediera a ser la portada del primer número de la revista. Y no sólo eso, “Samalanqui”, como era conocido en China, también nos arropó en la presentación de Global Asia en Barcelona.

Pero como en toda relación, la de los socios también tiene sus momentos buenos, y sus momentos no tan buenos. Pero incluso en esos momentos, Diego siempre me demostró ser un socio honesto y leal. Nuestros caminos empezaron a separarse con el tiempo. Li Cheng, uno de los mejores intérpretes español-chino del mundo, había empezado a trabajar en otro proyecto empresarial, así que decidimos separarnos profesionalmente, pero unirnos mas que nunca en lo personal.
Con testa historia me gustaría transmitir lo aprendido, que no es otra cosa que saber elegir a tu socio cuando decides emprender. No es malo ni bueno tener socios, ya sean capitalistas, trabajadores, asesores o como quieran serlo. Lo importante es dejar siempre las cosas claras desde el principio: qué hace cada uno, cuánto tiempo le va a dedicar y qué pide a cambio. Esto es muy sencillo si se hace bien desde el principio, pero puede convertirse en una pesadilla si no queda claro el primer día que el proyecto se convierte en realidad.
Por suerte para Diego y para mi, nuestra relación siempre fue honesta, transparente y de tú a tú, lo que nos permitió al final decidir cada uno su destino. Esta historia no solo pasa entre socios españoles y chinos, creedme que es universal. Mucha suerte en vuestras decisiones.