La relación entre la Unión Europea y China está pasando por una situación un tanto controvertida. Por una parte, forman actualmente la segunda asociación económica a nivel mundial y, por otra, no hacen más que enfrentarse con subidas de aranceles, amenazas y discusiones con el fin de proteger sus propios productos.
Esta actitud a la defensiva no ayuda a aumentar la cooperación y puede generar un conflicto grave si no se adoptan otro tipo de posturas. Porque, si usted tiene una bodega de vinos, viendo el panorama se lo pensará más de dos veces a la hora de emprender una aventura en el gigante asiático, sabiendo que es posible que a partir de 2014 se tengan que pagar unas tasas antidumping del 70%. Lo mismo sucede a la inversa, con los ya de sobra conocidos paneles solares y con una infinitud de sectores afectados por el conflicto.
El último acuerdo entre la UE y China en el que se regulaba la situación de las exportaciones chinas de los paneles solares parecía que iba a pacificar el asunto ya que muchos empresarios e incluso la Comisión Europea pensaban que con este pacto se frenaría la investigación sobre los vinos europeos. Pero parece que estaban todos equivocados y que el asunto va para largo.
En lugar de entablar una guerra comercial debería haber un enfoque de máxima cooperación y desarrollo conjunto, porque dicha guerra no se debería dar entre ellos, sino contra otro gran competidor, Estados Unidos, que se relame al ver este enfrentamiento.
Antes de terminar, quiero resaltar un acontecimiento clave que marca la agenda inmediata en la relación España-China, el VII Foro España-China, en el que se buscará refrendar todo lo pretendido para este 40º Aniversario de las Relaciones Diplomáticas entre España y China. Pero conseguir todo esto es difícil con la nueva ausencia del presidente Mariano Rajoy, quien tampoco acudirá en esta ocasión a China por motivos de agenda.