Lo primero que me viene a la memoria es su voz, imposible de olvidar. Ronca, a la vez que firme, amplia, potente. Aunque ya han pasado 13 años de aquel 15 de abril de 2009, si cierro los ojos, la recuerdo perfectamente. Río de Janeiro, acto plenario del World Economic Forum, más de 500 líderes empresariales en la sala esperando el plato fuerte del día, la aparición de quien en aquel momento era una de las personalidades mas influyentes y carismáticas no solo de Brasil, sino del mundo. El presidente Luiz Inacio Lula da Silva.
Imaginaros cómo me podía sentir. Yo tenía 29 años, y a pocos metros, el obrero de familia humilde que no sólo llego a ser el presidente de Brasil, Lula también redujo en un 30% la pobreza brasileña gracias a un crecimiento económico y social sin precedentes en Latinoamérica. Sí, lo que veían mis ojos era el artífice del milagro brasileño, el mismo que aparecía en la portada de la revista Global Asia que se distribuía en aquel foro internacional.
Como imagináis los que me conocéis, o los que me estáis conociendo a través de estas historias, no podía dejar escapar la oportunidad de conocerlo. Sabia que iba a ser complicado, imaginaros una sala repleta de personas que quieren hablar con él. Por suerte, estaba sentado en las primeras filas, así que cuando se acercó, aproveché el momento para saludarle y entregarle en mano un ejemplar de Global Asia.
Cual fue mi asombro, y la de los asistentes cercanos que miraron perplejos la escena, cuando de repente Lula da Silva, olvidando el protocolo, me rodeó con sus brazos y me apretó con fuerza contra su pecho. Tal fue el ímpetu del abrazo, que para mí era como si ambos estuviéramos en el estadio de fútbol Maracaná viendo ganar la final del mundial a Brasil.
Lo normal y protocolario hubiera sido un ligero apretón de manos. Pero no, estaba claro que Lula es una persona extraordinaria, y así me lo demostró cuando entre sonrisas comentábamos lo bien que había salido el mandatario en la foto de portada de Global Asia.
Recuerdo como Lula llamó a uno de sus fotógrafos oficiales para poder inmortalizar el encuentro
Y lejos de quedar así, para rematar el rocambolesco encuentro, recuerdo como Lula da Silva llamó a uno de sus fotógrafos oficiales para poder inmortalizar el encuentro. Yo alucinaba por momentos. Me puse tan nervioso que ni me acordé de darle las gracias cuando nos despedimos. Por suerte, en medido de tanto shock, tuve un momento de lucidez y fui a buscar al fotógrafo que nos hizo la foto, le di una tarjeta con mis datos y le pedí que por favor me hiciera llegar tan “valiosa” fotografía.
Seguramente a estas alturas del relato os estaréis preguntando si aquel fotógrafo me envió la foto ¿no? Pues sí, estáis en lo cierto. Es justo la imagen que acompaña a esta historia. Pero no creáis que fue tan fácil y sencillo. Tardó como ocho meses en enviármela, con lo que yo casi que la daba por perdida. Pero aquel fotógrafo cumplió su palabra y me la envío el 22 de diciembre, casi como si se tratase de un regalo de Navidad.
A lo largo de vuestra vida profesional os encontrareis con personas que al principio serán referentes para vosotros y después, por mil motivos, dejarán de serlo
Con esta historia, lo que os quiero trasmitir es que los sueños, si de verdad se buscan, se consiguen, por mucho que os parezca difícil o imposibles de realizar. La persistencia, y estar en el lugar y momento adecuado, ayuda. También os diré que a lo largo de vuestra vida profesional os encontrareis con personas que al principio serán referentes para vosotros y después, por mil motivos, dejarán de serlo. Esto es algo normal, nos pasa a todos los niveles, incluso con familiares y amigos. Mi consejo, quedaros siempre con lo bueno que esas personas os aportaron en ese momento.

Y por cierto, me guardo una anécdota más sobre cómo un ejemplar de Global Asia se encontraba encima de la mesa del despacho del presidente brasileño en una reunión que mantuvo con un conocido banquero español. Pero esa historia, os la contaré en otra ocasión.