Hasta hace sólo unas horas yo estaba equivocado. Pensaba que un Ironman son 3,8km nadando, 180k en bici y 42k corriendo. Es decir, 6.000k en bici, los 1.300k corriendo y los 250k nadando que entrenas antes de tomar la salida. Pero no es así.
Un Ironman es que tu hijo de tres años cuando cruzas la meta lo primero que te diga es “Papa, quiero hacer un Ironman”, porque eso significa que has sabido transmitir los valores de esfuerzo y sacrificio que rodean este deporte a tu hijo. Un Ironman es que tu mujer te grite “Te quiero” cuando aún te quedan 15km para llegar a meta. Porque no es un te quiero cualquiera, es un te quiero que nace del alma que te retumba en tu pecho y hace que vueles sin saberlo hasta la línea de meta. Un Ironman es escuchar a tu madre decirte “acaba el ironman hijo, tu puedes”. Un Ironman es ver en los ojos de tu padre una mirada rejuvenecida que se te cala en la retina y te hace recordar el tiempo que ha pasado contigo desde que te vio nacer.
Un Ironman es el abrazo fraternal y verdadero que te das con tus compañeros cuando ellos también cruzan la línea de meta. Un Ironman es emocianarte cuando intentas escribir estas palabras porque a tu mente vuelven imágenes que nunca vas a olvidar. Un Ironman es enfrentarte a tus miedos y dejarlos a un lado. Un ironman es conseguir que tus amigos y tu familia estén pendientes de una pantalla de ordenador o móvil de los pasos que das para conseguir cruzar la meta. Un ironman es recordar a los que creen en ti, a los que no, a los que están a tu lado y a los que dejaron de estarlo. Un Ironman es sentir que para lo que a ti era imposible, ha dejado de serlo.
Eso es un Ironman
La marca que haces, y la medalla que te dan simplemente son objetos que te ayudarán a recordar siempre lo que has sentido justo antes de cruzar la meta.
Así que GRACIAS a TODOS los que me habeis acompañado en esta aventura. En especial al crack de mi entrenador Ruben Gadea que me ha llevado con su buen hacer y paciencia a cruzar la meta en Calella. A mi entrenador de natación Óscar Carnero que ha logrado lo imposible conmigo, que supiera nadar y que dejara de tener pánico a hacerlo en aguas abiertas y a mi gran amigo Jose Antonio Redolat Contreras que me ha enseñado a correr maratones de verdad. Y gracias a Jesus Gomez Lorca y a Jose Joaquin Martin Fernandez por acompañarme brazada a brazada, peladeada a peladeada y zancada a zancada en este sueño (enhorabuena ironmans!)
Por último, este Ironman quiero dedicárselo especialmente con mucho cariño a mi mujer Eva Prieto Martínez, a mis padres, a mi hermano Enrique Mañez Ortega, a toda mi familia, a mis amigos, a mis compañeros de equipo, y a todos vosotros. Y como no, al motor que mueve mi vida. Mi hijo Iván, el Pequeño Dragón. Para ti, hijo, quiero dejarte escrito un mensaje. “NUNCA TE RINDAS”.








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